10 10UTC enero 10UTC 2014 manolo Barnuevo

Control empresarial de las comunicaciones de los empleados

La reciente Sentencia del Tribunal Constitucional 170/2013 de 7 de Octubre dictada por la Sala Primera ha tratado la problemática del control empresarial de los ordenadores de los empleados en relación con la intimidad y el secreto de la correspondencia electrónica.

En la referida Sentencia se deniega el amparo solicitado por un trabajador tras intervenir la empresa sus comunicaciones a través del ordenador (e-mails) proporcionado por aquella. La razón fundamental de esta denegación es el especial convenio que regía su relación laboral, que sancionaba como falta leve la utilización de dichos medios informáticos para usos privados y/o personales, lo que supone, según el Tribunal, que no exista una expectativa razonable de confidencialidad para el trabajador.

Es decir dicho ordenador únicamente podía ser utilizado por el trabajador para uso profesional, por lo que el empresario podría controlar su uso tanto para vigilar el cumplimiento laboral como para controlar que no se utilizasen para usos no profesionales. Y esto era conocido por el trabajador.

Entra en juego aquí el derecho fundamental del trabajador a la intimidad y al secreto de las comunicaciones (art. 18.1 y 18.3 CE) frente al poder de dirección del empresario (derivado de los derechos no fundamentales de propiedad y de empresa recogidos en los art. 33 y 38 CE) que permite al empresario medidas de vigilancia y control con la consideración debida a la dignidad del trabajador.

La importancia de esta reciente Sentencia es que el empresario podrá fiscalizar las comunicaciones de los trabajadores (limitando así en cierto modo el derecho a la intimidad de las comunicaciones) siempre y cuando se hayan establecido previamente y con conocimiento del trabajador de las reglas de uso de los equipos informáticos proporcionados por ella, pues así el trabajador sabrá que pueden ser objeto de fiscalización y control en orden a comprobar el correcto uso de los mismos y no se generará una expectativa de confidencialidad.

El trabajador debe conocer que su ordenador no puede ser usado para fines privados, que podría ser objeto de fiscalización y que si lo usa para fines no profesionales podrá ser sancionado, garantizando así todos los derechos en juego, los del empresario y los del trabajador. Por lo que, dándose estas condiciones, si el empresario finalmente ejerce ese derecho de control no estaría vulnerando los derechos fundamentales del trabajador. Siendo necesario un exceso de celo por parte del empresario en cuanto a la expectativa de confidencialidad, pues están en juego derechos fundamentales de los trabajadores.

Ana Belén Spínola Pérez

Abogada en AD&LAW

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