22 22UTC enero 22UTC 2016 manolo Barnuevo

Las facilidades de una Comunidad de Bienes

Aunque carece de personalidad jurídica propia, la Comunidad de Bienes es una de las formas más fáciles de poner en marcha un proyecto empresarial junto a otros autónomos.

Aunque carece de personalidad jurídica propia, la Comunidad de Bienes es una de las formas más fáciles de poner en marcha un proyecto empresarial junto a otros autónomos. Esta no tributa ni debe presentar anualmente el  Impuesto de Sociedades, siendo imputados sus ingresos de manera individual a la renta de cada uno de los socios. Así, dos o más trabajadores por cuenta propia pueden unirse manteniendo su condición de autónomos, con los mismos derechos y obligaciones.

La Comunidad de Bienes resulta una opción ideal para presupuestos iniciales ajustados, ya que la complejidad de los trámites y su coste son mínimos. Constituirla no requiere ninguna formalidad específica, basta con un contrato privado escrito y firmado por todos los socios. En caso de que se aporten bienes inmuebles o derechos reales sí que sería necesario hacer el contrato en escritura pública. Dicho contrato debe llevarse a Hacienda para identificar la comunidad de bienes a efectos fiscales y diferenciarla de los socios, que ya contarán como autónomos con su propio número de identificación. Inicialmente la empresa conseguirá un CIF provisional, que podrá ser canjeado tras seis meses por uno definitivo.

Sin necesidad de inscribir la comunidad de bienes en el registro mercantil, habrá que efectuar el pago del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales. La cuota es del 1% del capital inicial declarado en el contrato. Hay que destacar que no es necesaria una aportación mínima de capital, y que la cantidad que aporte cada socio determinará su participación en la Comunidad de Bienes.

A continuación será imprescindible efectuar el Alta en el RETA, y en el Régimen General en caso de contar con trabajadores contratados específicamente para el proyecto común. Por último, los miembros de la Comunidad de Bienes necesitarán el libro de visitas de cara a futuras inspecciones de trabajo.
Además, Hacienda ha empezado a encajar algunas comunidades de bienes con actividad mercantil dentro del régimen del impuesto de sociedades en vez del impuesto sobre la renta. Esto que en principio es una buena noticia (porque los tipos marginales del IRPF son normalmente más altos que el impuesto de sociedades) puede no serlo siempre por lo que habrá que analizar en cada caso la naturaleza mercantil o no de la comunidad de bienes.
No obstante, la principal desventaja de las comunidades de bienes reside en el modo de afrontar las deudas frente a terceros ya que la responsabilidad no es limitada, al contrario de lo que ocurre en otras sociedades mercantiles. Así, en caso de deudas, accidentes, responsabilidad civil,… todos los socios responden solidariamente con sus bienes presentes y futuros lo que puede suponer un problema.

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