03 03UTC marzo 03UTC 2014 manolo Barnuevo

El acoso a través de la red: CIBERACOSO

En los últimos años se están experimentando grandes cambios tecnológicos que han llevado a la sociedad actual a desarrollar nuevas formas de comunicación.

Estas nuevas formas de comunicación inciden de forma espectacular en la forma de relacionarnos entre nosotros, se están modificando patrones de conductas sociales, basados primordialmente en la comunicación on line, en las nuevas tecnologías.

Los beneficios de dichas tecnologías en el día a día son indudables, sin embargo también es cierto que estas pueden ser empleadas de forma malintencionada por ciertos individuos, pudiendo llegar a afectar a derechos fundamentales y, de manera especial, a derechos tan incuestionables como son el derecho a la intimidad, a la privacidad de las personas, o el derecho al honor.

Aparecen ante nosotros nuevas formas de extorsión y acoso, de actitudes maliciosas y punibles que requieren de toda nuestra atención y protección.

Protección legal de la que goza íntegramente cuando el tema atañe a menores de edad. El Código Penal regula toda una serie de conductas para proteger, como no podría ser de otro modo, los derechos del menor (acoso escolar o ciberbullying, acoso sexual o cibergrooming, etc.). Pero esta protección se desvanece cuando nos enfrentamos a situaciones de acoso entre mayores de edad, si la actividad acosadora o de hostigamiento no constituye un delito de amenazas, un delito de coacciones o un delito contra el honor, todos ellos con entidad penal propia. Y nos referimos al ACOSO a través de la red, al CIBERACOSO, cuando no hablamos de acoso a mujeres (cuyos derechos también están muy protegidos.)

El acoso se define como la persecución sin dar tregua ni reposo a una persona, siendo el acoso moral o psicológico el trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente.

Por otro lado, Dr. Don Juan Pardo Albiach, Catedrático de la Universidad CEU Cardenal Herrera, define el “Ciberacoso” (o acoso online), de forma general, como el uso de información electrónica y medios de comunicación tales como e-mail, mensajería instantánea, mensajes de texto, blogs, teléfonos móviles, buscas, y websites (páginas web) difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios, que además puede constituir en muchos casos un crimen informático.

El ciberacoso se caracteriza por ser un acto de voluntad que  implica un daño recurrente y repetitivo infligido a través del medio electrónico.

Una característica importante que diferencia al ciberacoso del acoso personal es que el uso del lenguaje es mucho más agresivo, debido posiblemente al anonimato del acosador. No son pocas las personas que en la errónea creencia de que son anónimos, son capaces de proferir insultos que cara a cara serían incapaces de manifestar, bien por cobardía bien incluso por educación.

Sorprendentemente o no, (esto sería una cuestión para los sociólogos) la red hace perder ese pudor, ese miedo o esa educación.

Ese hipotético anonimato hace que nos encontremos ante un tipo de actitudes que pueden ocasionar, inquietud, ansiedad, en definitiva daños psicológicos, por supuesto en primer lugar a la persona que sufre de esta actividad ilícita, pero también a su círculo más cercano.

El ACOSO en sí mismo es una asignatura pendiente, que ya recoge el Proyecto de reforma del Código Penal, que está por aprobar, donde ya se contempla como tipo penal con entidad propia, -en el Proyecto se recoge en el futuro art. 172 ter- pero hasta que no se apruebe seguirá existiendo ese vacío legal del que en este momento se valen muchos usuarios de las redes sociales.

En cualquier caso, nuestra recomendación es la denuncia inmediata de estas conductas, pues ni el acosador es tan anónimo ni se debe permitir el daño a los derechos de la persona.

Ana Belén Spínola

Abogada en Ad&law

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