El acoso a través de la red: CIBERACOSO (II)

TRATAMIENTO ACTUAL Y ACTUACIONES FUTURAS

Como decíamos en el anterior post la figura del acoso, o el ciberacoso, cuando este se comete a través de las redes sociales o de internet en general no está penado como tal en nuestro ordenamiento jurídico, salvo en la caso de menores, o salvo que se trate de acoso sexual, laboral o inmobiliario.

Jurisprudencialmente se ha venido dando solución a la falta de tipicidad de acoso sancionando individualmente los comportamientos como delitos contra los bienes jurídicos de carácter personal atacados (libertad, honor, etc.), cuando la entidad de la actividad ilícita alcanza entidad suficiente para ello.

Otra de las vías, cuando el hecho no puede ser considerado delito pero sí una falta del 620 CP, sería la imposición de ordenes de alejamiento del art. 48 CP impuestas en base al artículo 57.3 CP, cuyo incumplimiento por parte del acosador supone ya un delito -quebrantamiento de condena del 468 CP-. En el caso del ciberacoso debería ser un alejamiento virtual, una prohibición de publicar nada contra la víctima, ni tratar de comunicarse con ella por ningún medio, prohibirle hacer mención alguna a la víctima en ninguna red social, etc.

Así, la calificación jurídica de estas actividades en las que se utiliza la red (ciberdelitos) como instrumento para cometer el ilícito, podrá ir desde una simple falta del 620 CP castigada con una pena de multa de diez a veinte días, a un delito contra el honor castigado con hasta dos años de privación de libertad o un delito de amenazas castigado con hasta cinco años de prisión en el caso de las más graves.

Por tanto, la temporal falta de tipificación del ACOSO entre mayores de edad (sin motivación sexual, laboral o inmobiliario), podrá encontrar su encuadre penal en estos tipos, a la espera de que quede tipificado con entidad propia, demanda que a pesar del carácter de ultima ratio del derecho penal, parece será atendida en mayor o menor medida por el legislador a la vista de la evolución de la sociedad en relación a las nuevas tecnologías. Nuevas tecnologías que lamentablemente algunos utilizan para amedrentar, hostigar, perseguir, en definitiva para acosar a otros.

Y a pesar de que a juicio de importantes juristas de este país, la reforma del Código Penal en este sentido, ya se queda corta y aún no está aprobada, los ciudadanos estarán algo más protegidos frente a los ciberacosadores.

La preocupación por este fenómeno no es solo de ámbito nacional, el 17 de Febrero 2014 se presentó una propuesta de resolución en el Parlamento Europeo, la B7‑0208/2014 en relación a la lucha contra el Ciberacoso, pidiendo a la Comisión nuevas herramientas para luchar contra el mismo.

La propuesta se basa en la fuerte difusión que está experimentando el ciberacoso, las dificultades de las autoridades para dar una respuesta eficaz a este fenómeno, el grave impacto psicológico en los individuos, que se ve exacerbado por la rápida expansión de las redes sociales y los dispositivos portátiles que permiten conexión permanente o frecuente a internet.

Del mismo modo, en esta propuesta se pide a la Comisión que se inspire en la aplicación STOPit, desarrollada en los Estados Unidos, que permite facilitar la denuncia de abusos mediante las capturas de pantalla rápidas de comportamientos inapropiados en línea, su envío a grupos seleccionados de adultos de confianza y el acceso a líneas telefónicas de ayuda anónimas y gratuitas.

Desde luego este es un claro síntoma de la concienciación a nivel institucional del problema que se está produciendo ante la inmediatez para causar el daño que proporciona la red y la impunidad de los usuarios de las redes sociales.

La tecnología avanza mucho más rápido que las normas, pero esto no es lo único que no es nuevo para el legislador, que siempre debe ir adaptándose a la aparición de nuevas formas de delinquir.

Terminamos esta entrada con la misma recomendación que hacíamos en la anterior, a pesar de las dificultades, lo más recomendable es denunciar y poner el caso en manos de profesionales expertos, a fin de salvaguardar los derechos de la víctima y encontrar reparación del daño.

Ana Belén Spínola

Abogada en Ad&law

El acoso a través de la red: CIBERACOSO

En los últimos años se están experimentando grandes cambios tecnológicos que han llevado a la sociedad actual a desarrollar nuevas formas de comunicación.

Estas nuevas formas de comunicación inciden de forma espectacular en la forma de relacionarnos entre nosotros, se están modificando patrones de conductas sociales, basados primordialmente en la comunicación on line, en las nuevas tecnologías.

Los beneficios de dichas tecnologías en el día a día son indudables, sin embargo también es cierto que estas pueden ser empleadas de forma malintencionada por ciertos individuos, pudiendo llegar a afectar a derechos fundamentales y, de manera especial, a derechos tan incuestionables como son el derecho a la intimidad, a la privacidad de las personas, o el derecho al honor.

Aparecen ante nosotros nuevas formas de extorsión y acoso, de actitudes maliciosas y punibles que requieren de toda nuestra atención y protección.

Protección legal de la que goza íntegramente cuando el tema atañe a menores de edad. El Código Penal regula toda una serie de conductas para proteger, como no podría ser de otro modo, los derechos del menor (acoso escolar o ciberbullying, acoso sexual o cibergrooming, etc.). Pero esta protección se desvanece cuando nos enfrentamos a situaciones de acoso entre mayores de edad, si la actividad acosadora o de hostigamiento no constituye un delito de amenazas, un delito de coacciones o un delito contra el honor, todos ellos con entidad penal propia. Y nos referimos al ACOSO a través de la red, al CIBERACOSO, cuando no hablamos de acoso a mujeres (cuyos derechos también están muy protegidos.)

El acoso se define como la persecución sin dar tregua ni reposo a una persona, siendo el acoso moral o psicológico el trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente.

Por otro lado, Dr. Don Juan Pardo Albiach, Catedrático de la Universidad CEU Cardenal Herrera, define el “Ciberacoso” (o acoso online), de forma general, como el uso de información electrónica y medios de comunicación tales como e-mail, mensajería instantánea, mensajes de texto, blogs, teléfonos móviles, buscas, y websites (páginas web) difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios, que además puede constituir en muchos casos un crimen informático.

El ciberacoso se caracteriza por ser un acto de voluntad que  implica un daño recurrente y repetitivo infligido a través del medio electrónico.

Una característica importante que diferencia al ciberacoso del acoso personal es que el uso del lenguaje es mucho más agresivo, debido posiblemente al anonimato del acosador. No son pocas las personas que en la errónea creencia de que son anónimos, son capaces de proferir insultos que cara a cara serían incapaces de manifestar, bien por cobardía bien incluso por educación.

Sorprendentemente o no, (esto sería una cuestión para los sociólogos) la red hace perder ese pudor, ese miedo o esa educación.

Ese hipotético anonimato hace que nos encontremos ante un tipo de actitudes que pueden ocasionar, inquietud, ansiedad, en definitiva daños psicológicos, por supuesto en primer lugar a la persona que sufre de esta actividad ilícita, pero también a su círculo más cercano.

El ACOSO en sí mismo es una asignatura pendiente, que ya recoge el Proyecto de reforma del Código Penal, que está por aprobar, donde ya se contempla como tipo penal con entidad propia, -en el Proyecto se recoge en el futuro art. 172 ter- pero hasta que no se apruebe seguirá existiendo ese vacío legal del que en este momento se valen muchos usuarios de las redes sociales.

En cualquier caso, nuestra recomendación es la denuncia inmediata de estas conductas, pues ni el acosador es tan anónimo ni se debe permitir el daño a los derechos de la persona.

Ana Belén Spínola

Abogada en Ad&law

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